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martes, 27 de septiembre de 2011

Las circunstancias






Hace rato que no subía nada al blog. Acá un cuentito para no perder la costumbre.








Ya antes había pensado en repetidas ocasiones que matar a alguien no tendría por qué ser el peor acto de conducta de un hombre. Pero esa tarde, en el camión que va desde su oficina hasta la esquina de su casa (un trayecto de dos horas aproximadamente) la idea se convirtió en deseo. Nunca antes había visto al fulano en quien posó sus ojos de verdugo –a pesar de ser común viajar con los mismos sujetos, toda vez que abordan en el mismo lugar, a la misma hora ese autobús–. No fue algo en particular que le molestara como en otras ocasiones en que patanes no ceden el asiento o van escuchando música en radios portátiles sin audífonos. Ni siquiera era un tipo feo, de esos que por su pura apariencia generan la sensación de odiarles. Este era un hombre más bien común. Gracias a la disposición de loa asientos del camión, lo veía de frente. El sujeto-víctima iba absorto en la lectura de un libro cuya portada ostentaba un águila de alas abiertas; es un hombre informado, pensó el virtual asesino. Mientras más le veía, más se afianzaba la idea de liquidarlo, más fuerte latía dentro el deseo de acabar con su miserable existencia. ¿Y si no es un miserable sino un feliz padre de familia, avezado y culto lector de política, noble, puntual en el pago de sus impuestos? Pero su respuesta fue contundente: lo mataría por mí, por mi deseo, por el gusto que comprobar que se puede ser un asesino y dormir sin remordimiento. No soy, se dijo, un ángel vengador, ni un policía, sólo un común y corriente oficinista con ganas de matar.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Mal de muchos...

La gripe es atroz cuando uno tiene que trabajar. Desde muy temprano, la molestia en la garganta da el primer aviso de su llegada, como la nota con que las orquestas afinan que siendo sólo un sonido al aire, alinea instrumentos y anuncia ya la gloria del concierto, pero lo que se deja ver es la enfermedad. Maldita enfermedad mediocre y jodetodo. Porque un resfriado te jode; no puedes trabajar bien, no estás en tus cinco sentidos y no eres del todo tú. Todo se ve, cuando estás en medio de sus efluvios, un tanto distorsionado y podrido. La cabeza te pesa, y cada idea que logras tener le aumenta gramos al peso de ese miembro tan detestable en esos momentos. Sientes en la cintura una especie de dolorcillo como si se te hubieran acumulado moretoncillos discretos, pero que, al cabo de la sumatoria, duelen pertinaces y hondamente. La gripa es el mal de la disminución, te disminuye. Eres la resta de ti y tus capacidades. Y si hay o hubo fiebre, todo se potencia. A la resta se le suman atrocidades. Pero tampoco es que sea tan grave como para que un médico –fariseos al servicio de la empresa, el Estado, o el patrón– te mande a casa incapacitado por días. Cualquiera que se precie de ser un adulto responsable, no falta al trabajo a consecuencia de una gripe, ni paga una consulta médica –remedio siempre más doloroso que el padecimiento– por ello. Maldita enfermedad mediocre. No es un cáncer, no te mata. Pero en cambio que tino para boicotearlo todo, la vida misma se mengua en mitad de un estornudo, un tosijeo, un imparable moco quemando comisuras de labios y nariz. Y los remedios, claro, todos son inservibles engaños, placebos fútiles que no son capaces ni siquiera de llevarte al extremo de alteración donde el catarro te ha puesto. No hay píldora ni ungüento. Tampoco –y esto es decir bastante­– los ancestrales remedios de las abuelas son capaces de aminorar un poco esta impotencia de sentirse poseso, infecto, desahuciado. Valiente desahucie que no mata. En algunas culturas del mundo, no es siquiera considerada enfermedad, y eso me purga porque sí que me sentí enfermo aquella mañana. Sentí la nariz adolorida, los párpados pesados y mi saliva era lumbre cuando intentaba pasar por mi garganta ensanchada interiormente. Pero lejos de mi voz, estúpidamente diferente, y mis fosas enrojecidas por el rose de los clínex, no había síntoma evidente, nada que declarar en una llamada telefónica de “me siento mal, no voy a ir”. Maldita mediocre y atroz gripe que me no alcanzó ni remotamente para quedarme en casa a descansar.

martes, 23 de septiembre de 2008

Primer Premio Virtual De Cuento

Va una convocatoria pa chamacos nóveles...

Con la finalidad de promover la escritura narrativa entre los jóvenes mexicanos, se convoca al

Primer Premio Virtual De Cuento
Las Afecciones Narrativas

Podrán participar todos los escritores mexicanos de 18 años o menos que lo deseen con un cuento inédito de tema, forma y extensión libre (aunque Las Afecciones Narrativas recomienda que el texto sea breve y conciso).

Cada autor deberá enviar el texto con el que desea participar a la dirección electrónica lasafeccionesnarrativas@gmail.com en un archivo adjunto y en formato de Word (.doc). No se abrirán archivos en otra extensión. Tanto en el texto como en el cuerpo del correo deberá aparecer el nombre y correo del autor. El participante deberá anotar en “Asunto” el lema Premio Virtual Afecciones Narrativas.

El plazo del premio quedará abierto desde la publicación de la presente convocatoria y hasta el 15 de noviembre de 2008. No se admitirán textos después de esta fecha.

El premio consistirá en la publicación del cuento en Las Afecciones Narrativas así como en 2 revistas impresas de circulación nacional y en un paquete de libros. Eventualmente incluiremos a los mejores autores en nuestro Blog:

http://www.lasafeccionesnarrativas.blogspot.com



Gracias por participar.