lunes, 12 de noviembre de 2007

Festival de la palabra

En la primera foto: Sergio Loo, Balam Rodrigo y Álvaro Solis en el palacio de la autonomía



Acá, ese mismo día, Roxana Elvridge-Thomas y Yo, leyéndo poemas...



Un tatuaje

Este poema, anduvo muy celebrado y felicitado en el festival de la palabra, donde lo leí a lado de buenos amigos y buenos poetas. Va aquí para compartirlo.


Siempre dijeron
de mi
que muy seriesito para su edad
-que muy bueno para venir de esa mala semilla
oscurecida-.
Yo
quería dormir hasta tarde los domingos
tener revistas porno debajo del colchón
pero: muy seriesito para mi edad.

Yo quería un tatuaje
pero
iba los domingos – tempranito-
al coro de la iglesia
al mercado del brazo de mi madre.
Hice mis tareas
fui todo lo que la familia deseó.

Ciertas tardes de verano salí desnudo al jardín
ivocando un dragón que en su tinta deborara mi pierna.

Bueno para las clases de história y de ciencia natural
asistí con religiosidad a clase
quise irme de pinta
y besar en parques escondidos a mujeres (niñas de labios pintados)
que se cambiaban el nombre
para no manchar como su ropa interior, el verdadero.
En cambio hubo prolongadas noches
de inventarles rostros y olores a esas musas.

Luego me dió por las palabras
andar diciendo cosas raras
de la gente:
su mirada es fuego que me funde y fragua
de las cosas:
una blanca nostalgia hizo nido en el ropero

y antes de perderlo todo en esa apuesta
-qué oportuno-
me consiguieron trabajo
un buen trabajo digo

de esos que uno gana su dinero
de esos que se pone uno corbata y siempre
le dicen a uno Señor

aprendí de nónimas y trámites honrosos,
de windows e impresoras a color
y yo
seguía queriéndo un tatuaje
en el tobillo
una tarde de playa con ocasos de Neruda.

Pero –siempre- el amor es de alguna forma medicina:
droga corriente
pelirgosa y aditictiva igual de ilegal –debiera castigarse-
muy costosa pero no tan de mal ver,
excepto
en las entrañas, donde hace su guarida de epidemia.

Comencé a escribir en las paredes de mi cuarto
luego en espaldas de mujer...
Hoy
mis versos se maduran lentamente
en la mirada desatada de un anhelo.
Una braza –más instinto que otra cosa-
prepara su caldero en cierto vientre
y canta de brazos abiertos mi llegada
en espera
del tañido iracundo que nos resumirá.

Cuando sepa el nombre de ese fruto
por toda la verdad acumulada
por toda la obediencia que llagó mi pecho
me haré un tatuaje
tal vez dos.

sábado, 27 de octubre de 2007

Uno de los recientes

Mi corazón

Te ríes
-más por verguenza que por gracia-
de este corazón abierto y pornografico
que no pone censura a cuanto es,
revuelca en su arteria
y se detiene,

colapsa cuando mira ciertas puestas de sol.

Pero esta mañana le pones encima la cobija
- por amor más que por esconderlo-,
le besas callada
antes de irte
dejando en su frente el amanecer.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Poesía de otra forma

De cualquier forma, poesía.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Buscarme afuera, en la vida...

Estimados, muy pocos, que me leen: La pasión es perversa y se toma en ciertos momentos licencias que no le otorgamos. Así, hoy, después de darme cuenta de lo poco incendiaria, viva, que resulta mi poesía, y debido a que tengo que conseguir pronto un trabajo, me tomaré una licencia escritural, un sabático de letras. Intentaré no perder el fuego (chispa acaso) que me ha hecho estos años escribir y ver el mundo con ojos de poeta, intentaré también madurar. En fin, es por que esa pasión se ha vuelto hoy material de la derrota que se aleja de mi y se toma su propia licencia. No sé, nada sé excepto que estoy cansado, decepcionado de todo, pero fundamentalmente de mi mismo. No me adapto a mi mismo. (eso se lo oí decir un día al buen Ricardo Yañez). Tal vez encuentre quién soy fuera de la escritura; tal vez, si dedico mis empeños a la vida y no a la escritura, pueda ser, al fin, escritor. Hasta pronto.


La vida es eso que pasa mientras uno está ocupado haciendo otras cosas...
John Lennon.

jueves, 23 de agosto de 2007

Un poema sobre estos días de otoño y viento

Ceniza

Tu aliento en mis labios
era fuego que todo lo quemaba,
los pechos ardían y ardían los muslos;
Todo se encendía en la hoguera viva
de aquella nocturna habitación.

Después sólo ceniza:

La luz hizo al jardín,
hizo el día y dibujó
en la cama
tu silueta que el viento dispersó.

Abrí bien la ventana, fui tras de ti.

viernes, 3 de agosto de 2007

Hablemos del poema

Breve reflexión, algo que espero acepten los buenos amigos de lenguaraz para ser columna en su revista.


El poema es un diapasón. Imaginemos de pronto y sin reservas un diapasón metálico a punto de ser golpeado para vibrar. Buscamos con este acto (el de hacer sonar el diapasón) una nota breve pero exacta, que nos oriente. La nota que saldrá del instrumento es la poesía, es la nota que habita antes del instrumento pero no puede ser oída sin él. La herramienta que tañe el poema es el sentido, con él es que le damos el golpe que lo hará vibrar (aunque siempre hay opciones, otras herramientas, ritmo, imágenes, silencio). La fuerza que se le imprime al instrumento es también vital, de la precisión en la fuerza depende la belleza, la claridad y limpidez de la nota que dará: la mano con su fuerza es el lenguaje. El poema es un diapasón que se tañe con sentido, con la fuerza del lenguaje y emite esas breves notas que son capaces de romper cristales, provocar aludes, conmover. El poema es un diapasón cuyo éxito depende de su hechura, de la perfección de su hechura. El poema, pues, es un instrumento.