miércoles, 23 de julio de 2008

Nuevo Blog de Narrativa

Le damos la bienvenida a un blog que pretende emular el esfuerzo de difusión de las Elecciones Afectivas, pero esta vez por y para la narrativa actual mexicana. Se inicia con un texto de Mario Bellatin y esperemos que se vayan sumando autores igual de interesantes.

http://lasafeccionesnarrativas.blogspot.com/


Pueden enviar sus textos (con foto y biografía) a lasafeccionesnarrativas@gmail.com y difundirlo entre los narradores que conozcan. Larga vida al blog.

Infancia en la Pecera

Peces

En el pavimento, la lluvia hizo un cauce abundante y cristalino. Los niños saltan felices calle arriba desafiando la corriente que baja hasta las casas de la esquina. Se les ve felices, se adivina en sus boquitas abiertas el corazón latiendo apresurado; la risa todo lo salpica con su alma escurridiza. Uno y otro; niño y salto haciendo el ritmo sobre el agua. En la acera, paciente y seca la adolescencia frunse el ceño (es la nube detrás del aguacero): oso a la caza del salmón.

lunes, 7 de julio de 2008

Sonetos (son-netas)


Ahora estoy escibiendo algo así como un libro de sonetos sobre las verdades que casi nunca se dicen. Son netas estos sonetos. Aquí dejo un sonetillo del libro y un link de una hoja literaria que publicó otro de mi autoría... por cierto, gracias a Antonio Riestra por Ojos de Papel Volando.

Adolescente pasado de moda


Te vi por vez primera en la piscina,
esbelto, con el dorso tan desnudo:
mi panza y mi garganta hicieron nudo;
más tarde me ofreciste cocaína.

Y yo que había jurado no drogarme.
Y yo que no buscaba una aventura
probé en un solo día la calentura,
la droga, y también enamorarme.

Dijiste que era yo como ninguno
acaso por no estar en tus sentidos
pero ambos nos amamos embebidos

al punto de acabarnos nuestros cuerpos.
Hoy que te vas me dejas sin alberca,
adicto, con mis nudos, sin recuerdos.



http://papelvolando.blogspot.com/

jueves, 19 de junio de 2008

El rostro de un poeta

Quién no sabe, quién se atreve a no saber – aún en estos tiempos en que todos los muros parecen derrumbarse- que un rostro, cualquiera, por ajeno o cercano, es siempre la certidumbre.Las paredes de esta ciudad están llenas de grafitis inentendibles y algunas, afortunadas, dicen cosas: te amos sin dedicatorias precisas (flechas idiomáticas perdidas en busca de algún pecho), afrentas dirigidas y que más valdría no terminar de leer. Pero por mi casa – ay, barrio, no te acabes- algunas paredes dicen poemas. No hablo del amor que se les tiene, no es una metáfora ( ah, ¿no?); alguien, algunos, vaya usted a saber quién, escribieron poemas en las paredes y les pusieron firma y todo, dándole crédito a los autores. Hasta Octavio Paz y su piedra de sol que – seguro- nunca vinieron por acá, anda en un muro blanco que está cerca de una farmacia. No se quedaron contentos con escribir, sin recato, los poemas que digo sino que también dibujaron (a lo mejor ni se dice así) los rostros de los autores. Y ahí sí que pienso y confirmo que una cara todo lo clarea (aunque ni se parezcan éstas a los de a de veras). Una palabra bien puesta duele. O alimenta. Pero una palabra a lado de unos ojos, nariz, boca, la boca... de un rostro, vamos, es una certeza de lo que se intuye: poesía. A mí me gustan las cosas así, clareadas; me hace mucho bien pasar todas las tardes, ya de regreso, por una pared grandota donde está un Ricardo Yañez (uno, el que ama, estoy seguro) y su poema. Ahí siempre dispuesto, viendo, asumido en sus trazos de aerosol y monumento bidimensional. Hoy pasé y quise saludarlo –josepú-, me lo pintaron: una o dos capas de pintura blanca y muy nueva propaganda y ya no está ese poema, ni el rostro mal hechote de Yañez que me esperaba ahí como a las 6 en su pared. Me acuerdo "no me importa significar: me importa ser" , ¿y yo? ¿y mi certeza de leerlo ahí, siempre a lado suyo? Qué egoísmo. ¿Con quién me quejo? ¿Quién borró a Ricardo de la avenida? Por eso, lo tengo que decir, se les caen a cada rato las paredes, porque no hay poesía, y si la hay – qué tontos- la quitan.

martes, 17 de junio de 2008

1er Encuentro de Jovenes Escritores Acapulco 2008

De cómo el Hades se nos volvió el Olímpo en una Playa.

Qué feo es el centro de Acapulco. Qué feas casi todas sus playas. Pero cómo disfrutamos la compañía de unos y otros, escritores, convocados y reunidos en el 1er Encuentro de Jovenes Escritores Acapulco 2008.

Si bien no estábamos en la zona "diamante" (me parece que esa palabra es un eufemismo para decir: prohibido la entrada a los pobres), el hotel era una especie de chiste que no logramos entender, y los alrededores medios sucios (aunque al paso de las horas se volvieron pintorezcos, hay que decirlo) disfruté mucho el viaje como la Iliada resulta disfrutable.

Después de las lecturas matutinas, nos aventuramos (entusiastas argonautas que queríamos enseñarle a Luis Paniagua, nuevo en eso de acapulquear, que algo ahí valía la pena) a buscar un lugar en dónde estar. Y de pronto, sí, la providencia disfrazada de acapulqueño (oráculo certero) nos invitó a pasar a un restaurante-bar, el Cocoloco...

Entendimos, entonces, que el destino nos había llevado a allí. Todo comenzó a llenarse de sentido: unas chelitas bajo una palapa con charla de esa que alimenta el alma. Provindencial, también, apareció una señora de esas muy morenas, en el sigilo, tras la espalda de Daniel Saldaña, embadurnándolo de un elíxir aceitoso y ofreciéndole, oh Afrodita de Caleta, un masaje; exigiéndoselo minutos más tarde. Una vuelta en la banana, y Luis Tellez-Tejeda dice que no gracias, al tiempo que algunos contenemos las ganas de alburearlo. Y las chelas venían en una cubeta en forma de ranita… qué bien se está uno aquí, empezamos a pensar. Luego vino la variedad (¡Aristófanes, no te acalores!): frente a nosotros unos paramédicos cosían la ceja de un nadador accidentado, así, sin echarle en la herida más que agua sacada de un vaso desechable, qué valor, pensamos todos, y ese es un centurión digno de otra cubeta de ranita, dijimos. Y otra de esas mujeres asediando la espalda de Saldaña apareció. Tellez-Tejeda al borde del llanto, oyendo Perfume de Gardenia dedciada sólo para él por Fernando Trejo, que estaba, también, desaforado por la experiencia acapulqueña. Víctor Cabrera dormía y comía pepitas (¡al mismo tiempo, qué proeza!) Sergio Loo exponía elegantemente su diatriba detractora contra la experiencia del parachute, Rodrigo Castillo, casi sin darse cuenta, confesaba al cobijo de nuestro nuevo templo (El Cocoloco, donde el cliente es primero) que alguna vez los vistieron de marinerito para una foto, y al cabo de las ranitas y las horas, aceptamos lo bello, lo olímpico y sobrecogedor que es Acapulco, cuando se está en un encuentro de escritores.

Que alguien más reseñe las mesas y lecturas (muy buenas, nutridas e importantes, cierto) pensé cuando me propuse descubir lo que había sucedido el fin de semana del 13 y 14 de junio en Acapulco. Comprendimos, los que estuvimos ahí, varias cosas vitales:

1) Nuestra Antología de Poemos, para Emos (Me gusta cuando llueve porque nadie se da cuenta que lloro) será un éxito de venta proximamente.
2) Quien no conoce el Cocoloco, no conoce Acapulco.
3) Lo mejores tiempos de Acapulco, si los hubo, fueron hace mucho tiempo.
4) A Luis Tellez-Tejeda, le gusta la poesía chiapaneca.
5) Balam Rodrigo es el líder moral de los encuentros de escritores recientes.

Entonces, nutridos de poesía, reflexión y acapulquerías, regresamos; con la idea de volver, sí, al segundo encuentro que propusimos se llamara: Encuentro de Jovenes Escritores Cocoloco (donde el cliente es primero) 2009, o bien, Encuentro de Balam Rodrigo y Jovenes Escritores 2009.

La Ranita de las Chelas
Poetas rumbo al Cocoloco (donde el cliente es primero)
{Fernando Trejo, Luis Tellez-Tejeda, Daniel Saldaña, Luis Paniagua, Balam Rodrigo}

lunes, 16 de junio de 2008

Se presentó Quicio con muy buena vibra



Gracias a los presentadores y a los que asistieron. Acá dejo un poemita del libro:
FUEGO NOCTURNO
Anocheces.
Tu silencio se vuelve pausa
de todo el universo.
Eres el sueño de la ciudad
(las luces, rebeldes, invaden ciertas calles)
sigues ahí,
aliento que cobija nuestra entraña.
Iracundo dolor de aceras grises
vuelve
a ser oscuridad, silencio.
Eres fuego que calcina;
eres el fuego que calcina la noche.


Roxana Elvridge-Thomas, Álvaro Solís, yo, Rodrigo Castillo