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lunes, 16 de febrero de 2009

Un poema no sirve, a veces, para nada

De la futilidad de la poesía

Podríamos desperdiciar la hoja,
esta o muchas más que están en blanco
inmaculadas y dispuestas
esperando
pacientes
las palabras exactas que legislen la vida del amante,
de los niños, del atardecer anaranjado.

Podría desgastar el idioma entero,
sus dardos, sus versículos sangrientos.

Perdiéramos la voz, lloráramos,
cayéramos rasantes sobre arena,
naufragáramos.

Ni este poema, ni un tratado;
ni el largo silencio de las tardes nuevas,
ni la luz eléctrica, ni el rezo:

Nada trae -hoy que despierto-
el cobijo insondable que la casa nos dio.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Perdón

de estos días de paternidad y fin de año:

Escribí una flor y una gota de rocío y un jardín que no se humedeció con lluvia alguna. Quise hacerte una casa en el poema, versada y limpia, de cálida sintaxis; nada hubo anoche que del frío te distrajera. De qué va este oficio que no riega ni calienta, que no sirve siquiera, con exactitud, para decir nada concreto. En las líneas de lo escrito se perdió, incluso, la intención.
Yo
Intentaré recabar fuerza y juventud para ejercer algúna profesión, y siento la tardanza, más lucrativa, más efectiva a la hora de tenerte que ofrecer.