Si el corazón dejara de latir,
Si dejara de bombear
¿morimos?
O la muerte es cosa también de perspectiva
y no se muere en el silencio de la válvula cardiaca.
Acaso se prolonga el sentimiento, el tacto, la erección
al infinito
y en las trémulas andazas del viajero citadino
que raspa de tacones las noctámbulas aceras
algo del que muere vibra,
palpita,
sigue vivo.
¿Será que ciertamente el alma nos habita?
Después de morir, si fuera cierto esto,
habría un período libre en el que el alma
deambula sin talón ni geografía. Quizá quince minutos,
media hora,
un par de días.
Si el tic-tac del corazón se detuviera,
seguro
vendría la muerte súbita inmediata.
Si el tic-tac de mi corazón se detuviera:
muerte súbita inmediata.
Si el tic-tac de mi corazón
sangre instantánea.
viernes, 17 de abril de 2009
martes, 31 de marzo de 2009
Un poema de Quicio, en estas épocas de playa

AHOGADA
¿Quién la ve justo en medio del océano?
Apenas descubierta flota
la muchacha
en estas aguas que le hicieron
de coral un mausoleo.
Ojos de nácar.
Su pecho intacto aún y sin espina
se abulta y palidece para ser
el último
terso escalón de un hipocampo.
la joven canta porque nadie le oye
¿Acaso una gaviota llevaría
a la costa
su trova de sirena?
El sol tiñe en un soplo
la enorme y confortable sepultura.
Niña virgen de todos los navíos.
¿Quién la ve justo en medio del océano?
Apenas descubierta flota
la muchacha
en estas aguas que le hicieron
de coral un mausoleo.
Ojos de nácar.
Su pecho intacto aún y sin espina
se abulta y palidece para ser
el último
terso escalón de un hipocampo.
la joven canta porque nadie le oye
¿Acaso una gaviota llevaría
a la costa
su trova de sirena?
El sol tiñe en un soplo
la enorme y confortable sepultura.
Niña virgen de todos los navíos.
viernes, 6 de marzo de 2009
En estos días en que nada me consuela: comida
Hace tiempo un buen amigo y yo, nos hicimos el propóosito de cocinar un platillo por día... de ahí salieron cosas ricas, una de esas (bueno a mí me gustó) fueron estas empanaditas de atún.
Empanadas de Atún
Para Alikú, que me enseñó a poner el futuro en una sartén con recaudo y atún...
De atún haremos hoy las empanadas,
horneadas o fritas, tú decides:
corta ese jitomate en rebanadas
con ajo, cebollita y unos chiles.
Cocina a fuego lento, mi alquimista,
recaudo y la carne del pescado;
señal unívoca de que está lista
será tu corazón ya peñasqueado.
¡Que bulla ese caldillo en las sartenes!
¡Que caiga ese guisado en la empanada!
Que suenen esas tripas como trenes
presurosos de llegar a la estación.
Ya fritas, rebosantes en su grasa
o al horno, sean motivo de fruición.
Empanadas de Atún
Para Alikú, que me enseñó a poner el futuro en una sartén con recaudo y atún...
De atún haremos hoy las empanadas,
horneadas o fritas, tú decides:
corta ese jitomate en rebanadas
con ajo, cebollita y unos chiles.
Cocina a fuego lento, mi alquimista,
recaudo y la carne del pescado;
señal unívoca de que está lista
será tu corazón ya peñasqueado.
¡Que bulla ese caldillo en las sartenes!
¡Que caiga ese guisado en la empanada!
Que suenen esas tripas como trenes
presurosos de llegar a la estación.
Ya fritas, rebosantes en su grasa
o al horno, sean motivo de fruición.
martes, 24 de febrero de 2009
Pensando en Constanza
lunes, 16 de febrero de 2009
Un poema no sirve, a veces, para nada
De la futilidad de la poesía
Podríamos desperdiciar la hoja,
esta o muchas más que están en blanco
inmaculadas y dispuestas
esperando
pacientes
las palabras exactas que legislen la vida del amante,
de los niños, del atardecer anaranjado.
Podría desgastar el idioma entero,
sus dardos, sus versículos sangrientos.
Perdiéramos la voz, lloráramos,
cayéramos rasantes sobre arena,
naufragáramos.
Ni este poema, ni un tratado;
ni el largo silencio de las tardes nuevas,
ni la luz eléctrica, ni el rezo:
Nada trae -hoy que despierto-
el cobijo insondable que la casa nos dio.
Podríamos desperdiciar la hoja,
esta o muchas más que están en blanco
inmaculadas y dispuestas
esperando
pacientes
las palabras exactas que legislen la vida del amante,
de los niños, del atardecer anaranjado.
Podría desgastar el idioma entero,
sus dardos, sus versículos sangrientos.
Perdiéramos la voz, lloráramos,
cayéramos rasantes sobre arena,
naufragáramos.
Ni este poema, ni un tratado;
ni el largo silencio de las tardes nuevas,
ni la luz eléctrica, ni el rezo:
Nada trae -hoy que despierto-
el cobijo insondable que la casa nos dio.
Etiquetas:
literatura joven,
Poemas,
Poesía
jueves, 29 de enero de 2009
miércoles, 21 de enero de 2009
Otro para el fin del mundo
Soñar con música
mezclada en la noche del aliento
para hacer de este agujero el paraísoen
donde sólo brilles tú.
mezclada en la noche del aliento
para hacer de este agujero el paraísoen
donde sólo brilles tú.
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