miércoles, 30 de marzo de 2011

El génesis


Sumergido en un sillón que era de arena movediza, Kurt Cubain, pasaba las tardes de los últimos días entre pinchazos de aguja y programas de concurso en televisión -dicen algunos que le encantaban-. Ocasionalmente rasgaba un par de notas en su guitarra –quienes la oyeron dicen que sonaba igual que mil furias marinas en mitad de la tormenta-. Un día, se cree que después de una llamada de Courtney, decidió que al mundo no le hacía falta su presencia y a él permanecer en esta tierra, y se disparó con una escopeta, regando sus sesos por toda la sala -que se iluminó como si fuera el medio día-. Esa misma noche, Kurt ya estaba sentado en la diestra del padre –que los teólogos no ha decidido aún si es Elvis, Lennon o alguien más cercano al grunge-. Al mundo le empezó a hacer falta su presencia pero, al mismo tiempo, Kurt empezó a estar en todos lados; se nos volvió omnipresente, misericordioso con las versiones de “Smells Like Teen Spirit”. Todos sabemos que en donde dos o más se reúnen a escuchar el “Nevermind”, está él presente, mirándonos con sus pequeños ojos azules y cobijándonos con su suéter café.

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